PASIÓN EN LA GRANADA ALMOHADE

PASIÓN EN LA GRANADA ALMOHADE

(por Laura Fdez-Montesinos Salamanca)

La historia real de Hafsa y Ya’far.

Pocos personajes pueden permitirse el lujo de traspasar fronteras físicas y temporales para permanecer en la historia.

Ella, nada más y nada menos que una mujer del siglo XII, merece ser rescatada del olvido. No sin razón, el insigne Ibn al Jatib aludió a ella considerándola: “única en su tiempo por su belleza, elegancia, cultura literaria y mordacidad”.

Hafsa al Rakuniya se hizo célebre desde muy joven por su trabajo como maestra en la corte de Granada. En aquellos entonces se ubicaba en la cima de la colina del Albaycín, la Alcazaba Qadima, un complejo-fortaleza, residencia real, de la que quedan pocos restos, aunque muy evocadores. Mientras que la Alhambra era tan sólo un pequeño castillo.

Hafsa era reconocida por sus excelsas dotes literarias y poéticas, y sobre todo por su revolucionario sistema de enseñanza, que roló por todo el mundo islámico, y que le granjeaba felicitaciones desde los rincones más distantes.

Durante su niñez, la ciudad fue testigo de la violencia dinástica. Los Almorávides resistían en las distintas fortalezas de la ciudad, Torres Bermejas, la Alhambra, progresivamente arrinconados por los almohades. Si los primeros habían cultivado cambios sustanciales, los almohades radicalizaron aún más la situación.

Eran los andalusíes gente de costumbres relajadas, incluso disipadas, de gustos suntuosos y amantes del arte, la cultura, pero también del vino, la fiesta, y el derroche. Testigo de la vida placentera, son los cármenes del Albaycín. Tales hábitos chocaban frontalmente contra los preceptos de los nuevos gobernantes. Acostumbrados al desierto, la pobreza, las carencias, consideraron impropio este estilo de vida, y aplicaron rígidas normas que restringían la ostentación, en favor de la espiritualidad, lo que afectó a la calidad del arte y la cultura.

Hafsa, mujer independiente, cultivada, de gran inteligencia y famosa por su excelsa belleza, no permitía que nadie se entrometiera o dirigiera su vida. Se resistió a someterse al poder… hasta desembocar en la tragedia.

Estaba enamorada del visir y poeta Ya’far Ibn Said, un ilustre personaje de fuerte influencia en la corte, y reconocido por la calidad de su poesía. La historia de amor entre Hafsa y Ya’far fue tan ardiente, que las brasas se extendieron a todo el califato almohade. Las cenizas no se apagarían hasta su muerte, acaecida en la ciudad de su triste exilio, Marrakesh. Allí había fundado una escuela para mujeres. Jamás olvidó a Ya’far.

Eran una pareja tan celebrada que recibían todo tipo de composiciones elogiosas: poemas, canciones, incluso los abordaban en la calle para pedirles autógrafos.

La llegada del gobernador almohade, de 15 años, a Granada, desestructuró la vida de los granadinos, pero también la de los amantes. El joven hijo del califa, quedó prendado de Hafsa, pero, no obstante su poder, no podría competir con Ya’far. Sin embargo supo esperar. Hombre sensible aunque parrandero, Ya’far no se privaba de los placeres de la vida, y más de una vez se ganó el rechazo y el repudio de Hafsa. Y ella, terminó consolándose en los brazos del hijo del califa. Privado de celos, Ya’far se enfrentó a él, sin medir las consecuencias.

La historia real de Hafsa y Ya’far están recogidas en la novela histórica “El Jardín de la Poesía”. Y el recorrido transcurre por entre algunas de las calles que ellos caminaron, la fortaleza donde trabajaron y las fuentes donde bebieron.



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